Como todo año electoral, el 2019 fue muy fértil para germinar el fanatismo y todos los daños colaterales asociados a esa perversión de las ideologías o formas de ver la vida. Y como todo año, se cierra con reuniones familiares, espacios fecundos para colisiones ideológicas. ¡Pero atención! Porque no es negocio luchar contra algo que es más fuerte que nosotros. Hay un aspecto de la condición humana, científicamente comprobado, que resulta autocomplaciente para liberarnos de culpas y resentimientos y permitirnos pensar en noches de paz. ¿Cuál? El cerebro nos impide considerar argumentos que nos contradicen. Se trata de una deficiencia de la evolución humana que ni siquiera está claro cómo resolver. "Cuando las personas no están de acuerdo, sus cerebros no logran registrar la fuerza de la opinión de la otra persona, lo que les da menos razones para cambiar de opinión", concluye un estudio neurocientífico que cita esta nota que comparto. ¿Por qué hemos desarrollado un cerebro que descarta información perfectamente válida cuando esa información no se ajusta a su visión del mundo?, se pregunta la neurocientífica Tali Sharot en el libro La mente influyente. Y pese a ser un fenómeno estudiado y comprobado, la ciencia aún no conoce el mecanismo neurológico que hace que el desacuerdo sea suficiente para rechazar incluso los argumentos más elaborados del otro lado.
Cuentos cortos, cartas anónimas, manuales, listados, frases célebres, tests, editoriales durísimas, y cientos de palabras.
lunes, 23 de diciembre de 2019
Sigamos jugando - Elecciones Nacionales 2019 en Uruguay
Entonces, ante la inminente llegada de Navidad y Año Nuevo, aceptemos que no somos una especie tan avanzada y que ni siquiera la ciencia ha podido explicar por qué a fuerza de polarización podemos llegar a mantener creencias falsas.
Probemos ser funcionales. Hagámonos los boludos. Sigamos jugando, que la felicidad nos necesita estúpidos.
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