jueves, 23 de noviembre de 2017

La regulación social

Valentina y Brissa se murieron porque un hombre más fuerte pudo matarlas, abusarlas y cualquier otro delito que la Justicia compruebe. Pudieron hacerlo, en buena medida, por las desigualdades de la naturaleza, que da al hombre mayor fortaleza física. En parte, no es más que la perversión de esa fortaleza: un hombre es más fuerte que un niño y satisface sus placeres porque a la fuerza puede. Así de primitivo. La perversión de la fortaleza es más antigua que la raza humana. Y la tentación de pervertirse, basando la fuerza para anular al débil, es transversal a todos los ámbitos: laboral, económico, social (desigualdades no naturales) y biológico o físico.

Las desigualdades no naturales son trabajo del Estado erradicarlas, creando regulaciones para garantizar que "los fuertes" no abusen de los débiles. ¿Pero qué pasa cuando las desigualdades son tan naturales como que un hombre es más fuerte que una mujer o que un niño? Y vinculado a lo sexual: ¿Qué pasa por ejemplo cuando festejamos y reproducimos el nuevo material que expone a la mujer con el único objetivo de cosificarla para satisfacer nuestros placeres? Creo que ahí la regulación es social. De cada uno. Primero hacia adentro, con la reflexión y luego hacia afuera, ante la vista de todos, reproduciendo modelos sanos y no perversos.

El laburo social, más allá del institucional, es poner el ojo en la perversión. Se puede ser fuerte sin pisarle la cabeza a los débiles. Todo en función de no reproducir modelos que eliminen a los débiles. La fortaleza es pervertida cuando el débil sufre; eso va desde una falta de respeto, humillación virtual, hasta el abuso sexual o la muerte.

No hablo líricamente de derrocar a los fuertes. Todos estamos y estuvimos de un lado u otro de la vereda en algún momento. No se trata de ser fundamentalista de los débiles, sino en pensar cuando hay una perversión de la fortaleza, y condenarla.

Es una aberración que tragedias como estas nos tengan que hacer pensar los modelos que reproducimos.


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