martes, 23 de junio de 2015

Las redes y el "deber ser", nuestra imagen digital y el Super Yo.

El accidente de Luis Cavani en plena Copa América da para pensar mucho más allá de los aportes que puede dar (y dio) a la Selección su hijo, el futbolista más criticado del equipo. Es otro ejemplo del alter ego virtual que fabrica la vida online que nos toca, expresada en las redes sociales. 








Todo comenzó cuando supimos que fue el padre de Cavani y no un "x" quien manejó alcoholizado y chocó con un motociclista que murió. La figura de Cavani convirtió al hecho en una cuestión noticiosa y sensible. Fue así que varios medios, periodistas y ciudadanos de a pie, a partir de ese hecho trágico, señalaron el natural desánimo que podría tener Edinson, aventurando implícitamente el efecto sobre el resultado del partido contra Chile. Esas publicaciones y mensajes generaron una ola de ataques de alter egos virtuales. ¿Por qué? Por no concentrarse en el dolor de la familia de un muerto. ¿Qué mensaje disparan los alter egos virtuales? Es un pecado inconcebible priorizar la causa celeste en la Copa América frente la muerte de un botija de 19 años. Hipocresía, falsa moral y cinismo, esta vez escudados en una tragedia. Y todo a un nivel inconsciente. Porque nadie está a salvo de esta realidad que nos toca, que nos hace construir en varias oportunidades nuestra personalidad a través de un mundo virtual expuesto; un lugar público donde por ejemplo en este caso Cavani, el alter ego virtual impuso la premisa de lo socialmente aceptado. ¿Qué indica el deber ser? Indignarnos ante muertes injustas por encima de cualquier otra cosa. Así sobreactuamos el carisma y la sensibilidad por ejemplo. Otros, con otras noticias, jugarán a ser fachos, protegidos por la impunidad del anonimato que da Internet. Creo que, según la personalidad y valores de cada uno, estamos en ese camino resbaladizo todo el tiempo, y el resbalón más peligroso es terminar creyéndonos el personaje que construimos para el Otro.

Para describir de otra manera esta situación pongo otro ejemplo real: cuando Topolansky dijo que los candidatos de la Concertación eran "unos payasos", la empresa Idatha, que monitorea contenidos en redes sociales, encontró varios mensajes defendiendo el oficio de los payasos como "digno". Me pregunto: ¿en qué otro contexto que no afecte nuestra imagen frente a un Otro significativo podemos tener una preocupación por defender a los payasos? Y también me pregunto: ¿Por qué no indignan todos los días las muertes por accidentes de tránsito y otras causas injustas o delictivas? ¿Debo suspender mi preocupación por el futuro de Uruguay en la Copa América sólo hoy, o ante cada tragedia injusta que puede tocarnos en Uruguay?

Ironía del destino que justo Cavani, blanco de las críticas más despiadadas (e injustas) por su aporte futbolístico, sea ahora una causa de preocupación porque su motivación pueda afectar su rendimiento, y por ende, el resultado del partido. Te toque o no ser moralista por el alter ego virtual en esta causa, vas a seguir festejando y creyendo en una colectivo como la Selección, que une más que nada ni nadie en este país, y donde Cavani tiene una incidencia grande. Un proyecto colectivo que nos da orgullo, y lo inédito es que ese orgullo sobrevive a resultados deportivos negativos. Privilegio que sabemos no será eterno.

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